domingo, 17 de febrero de 2019

EL DIVÁN CON LA MEMORIA






El pasado  26 de enero El Diván visitó el Cementerio de Torrero para conocer su Historia y  hablar del libro “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España.”, del escritor Manuel Chaves Nogales.

Amaneció un día frío y luminoso. Era tan frío, que la lectura del libro y el recorrido por la historia del cementerio nos dejó "El corazón helado"  por tanto horror vivido en una época y un tiempo tan cercano .Fue tan luminoso, porque disfrutamos de la compañía de una   joven tertuliana, que siguió con mucho  interés las explicaciones de nuestro profesor de historia del diván, Alberto Martínez,   para que no les  quede  "La voz dormida" ni "El pasado oculto" a las nuevas generaciones  y transmitan  con rigor histórico lo ocurrido:"Recuérdalo tú y recuérdalo a otros."



Nota
A SANGRE Y FUEGO

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A sangre y fuego es un libro de nueve relatos estremecedores ,  narrados magistralmente por el periodista  Manuel Chaves Nogales, basados en hechos y personajes reales,  nos muestra el lado humano  de los que sufrieron la terrible Guerra Civil Española.  Nos relata situaciones absurdas, crueles,disparatadas, en las que el lector ve con horror el enfrentamiento entre gente que ni siquiera luchan por un ideal ni por una causa, veremos que lo mejor y lo peor de las personas aflora en la guerra. Tan importante como los nueve relatos es el magnífico pròlogo escrito por mismo Chaves Nogales. En él el escritor, convencido republicano, se considera como un ciudadano de la  Tercera España, ni de un bando ni de otro. Hace un análisis profundo de la situación social y política en la que se encuentra España destrozada ya en el primer año  de la contienda fraticida y  pone los vellos de punta su acertada visión del futuro que le espera a los españoles.

Nada como leer unos fragmentos del prólogo obtenido de blogsculturamas.es:

"Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas—, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo... 

Así comienza el merecidamente reivindicado prólogo de A Sangre y Fuego


Recuerden, estos extractos que reproducimos aquí son de 1937 
y los escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales:

... Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

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Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.

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Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. 

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Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.

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Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado, y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el «camarada director», y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de «pequeño burgués liberal», de la que no renegué jamás.

Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo. Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.

Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.

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Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguis de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. 

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El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes —según la imagen clásica— va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. 

...

El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende. 

...

El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno de una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más baratoCuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha...

Montrouge (Seine), enero-mayo de 1937."



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RUTA DE LA MEMORIA HISTÓRICA EN EL CEMENTERIO DE TORRERO

Para hablar del libro Alberto preparó la excursión a este lugar, testigo y escenario de la la Guerra Civil en Zaragoza y provincia. A lo largo del recorrido hablamos del libro "A sangre y fuego" y de muchos otros más, de las escenas comunes, de historias y personajes que nos recodaban una y otra vez libros magníficos como los que he detallado en la introducción. 

Comenzamos la visita en el monumento de la entrada, la cruz fascista que en 1954 se colocó donde ahora está la fuente de la hispanidad, y que  estuvo en la Plaza del Pilar hasta 1990  hasta que se trasladó al cementerio de Torrero en la que se puede leer esta inscripción "A los héroes y mártires de Zaragoza,  Caídos en la Cruzada de Liberación 1936-1939."  Lo que nos indica que la sublevación de militares contra la República, el golpe de estado y la Guerra Civil fue para los vencedores de la contienda una cruzada.

Alberto nos contó la historia de los alemanes que vivieron en Zaragoza. Se instalaron en la ciudad tras huir de la colonia alemana en Camerún en el año 1.916, que fue invadida por los ejércitos aliados tras la I Guerra Mundial. Eligieron para vivir Zaragoza y recordamos negocios que emprendieron los germanos como "Academia Kuhnel"," mortadela Kurtz"..

También nos contó que el cementerio se inauguró en 1.840 que anteriormente a esta fecha a la gente que moría se le enterraba en sagrado o donde se podía y acarreaba importantes problemas sanitarios.

Después visitamos el "Memorial Republicano". Es un monumento al que se llega a través de una espiral en la que estan colocados los nombres de hombres y mujeres represaliados durante la Guerra Civil y el franquismo. En total 3.500 personas fusiladas en las mismas tapias del  cementerio, traidas de la carcel de Torrero, también traídas de  otros lugares de la provincia,  los fusilados traidos de fosas  comunes y cunetas de poblaciones cercanas . Hablamos de lo tremendamente  cerca que está la horrible contienda ya que en la espiral vimos nombres de abuelos, tios ... de los mismos tertulianos.

Gumersindo de EstellaHablamos  de la terrible represión que hubo, España es el segundo pais, después de Camboya, con más desaparecidos  114.000 . En el  cementerio de Torrero hubo fusilamientos hasta 1.950. Hasta poco antes de morir el dictador hubo ejecuciones. Incluso ahora hay gente amenazada de muerte por hacer críticas duras al Franquismo como la periodista Cristina Fallarás.

Llegamos a las tapias del cementerio donde se fusilaban a los sentenciados a muerte por los tribunales militares." De estas ejecuciones hubo un testigo excepcional Gumersindo de Estella, un padre capuchino que se encargó  de la asistencia espiritual a los reos y que escribió, en forma de diario, unas memorias estremecedoras, en las que relata el rito  cotidiano de los fusilamientos, las confidencias de los condenados a muerte ..."
El libros es:"Fusilados en Zaragoza 1936-1939 tres años de asistencia espiritual a los reos."
Hablamos también de casos  increibles de algunas personas que sobrevivieron a su ejecución, como el gran Gila que siempre lo recordaba con su característico sentido del humor.
El libro de Fernando Marías "La luz Prodigiosa", nos habla de "Sobrevivir a una ejecución."

Bajo la estatua de Joaquín Costa hablamos de sus ideas de "regeneración, escuela y despensa"

Conocimos la historia del "Tercio de Sanjurjo"," fue unidad militar de voluntarios del bando franquista, tuvo un intento de deserción masiva o una sublevación de la tropa por el que gran parte de sus miembros fueron fusilados."

Paseamos por lo que fueron las zanjas de la larguísima fosa común en las que metieron a los que fusilaban en el cementerio y en  poblaciones cercanas. Cuando descubrieron la fosa pensaban que encontrarían doscientos cincuenta o trescientos restos mortales de ejecutados y descubrieron más de 2.500.

Seguidamente llegamos al Memorial con capilla de las víctimas de la Guerra Civil del bando de los sublevados, un gran memorial en el que se celebraban misas habitualmente por sus almas hasta la transición , hasta el 1 de enero de 1.980. En 1.961 Franco trasladó los restos de estas víctimas al Valle de los Caídos.

Terminamos con la visita al monumento a los muertos por la libertad, es un lugar estrecho, apartado, pequeño, tímido en el que metieron en un hoyo profundo los restos que sacaron de la fosa larguísima en la que descubrieron más de 2.500 ejecutados.





 Terminada la visita, descubrimos el Panteón de los Condes de Fuentes. Paz nos contó la historia de los Fernández de Heredia y los Pignatelli,  nos trasladó a un momento histórico anterior, seguramente más amable  que el que nos había llevado al cementerio esa mañana.

Hablamos de más libros como la "Trilogía de la Guerra Civil" de Juan Eduardo Zúñiga, escritor en el que se inspira Almudena Grandes. 

En definitiva una mañana de aprendizaje y recuerdo con el Diván Zaragozano y de disfrute de libros y tertulia.

Los libros mencianados y sus autores son:

El Corazón Helado, de Almudena Grandes.
La voz dormida, de Dulce Chacón.
El Pasado Oculto, de Julián Casanova y otros.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, de Ronald Fraser.
Fusilados en Zaragoza 1936-1939 tres años de asistencia espiritual a los reos., de Gumersindo de Estella.
La luz prodigiosa de Fernando Marías.
Trilogia de la Guerra Civil de Juan Eduardo Zúñiga